El 25 de Mayo de 2005, en el Estadio Olímpico de Ataturk en Turquía, frente a más de 70.000 aficionados, el Liverpool FC se consagraba por quinta vez campeón de la Champions League, venciendo en la tanda de penales al AC Milan.
Fiel a todos los pronósticos y apuestas, el conjunto italiano comenzó el partido a paso firme y al minuto de juego tras un centro de Andrea Pirlo, el eterno capitán Paolo Maldini logró impactar el balón de volea dentro del área para ponerse en ventaja con un gol desde el vestuario que sorprendía a todos.
Sin conformarse con el madrugador gol, el Milan comandado por un Kaká desequilibrante buscaba ampliar la ventaja ante un Liverpool que seguía atónito por lo ocurrido y trataba de adelantarse en el campo sin muchas ideas. Así fue, que en los últimos diez minutos de la primera parte, en dos contraataques elaborados con suma precisión y calidad por el mediocampista brasileño, y definidos por Hernán Crespo, los dirigidos por Carlo Ancelotti se iban al descanso con un 3-0 implacable, y el partido casi definido.
Comenzado el segundo tiempo, Rafael Benitez ya había utilizado dos cambios para tratar de enderezar el rumbo del partido (o no perder por goleada para algunos) y había mandado al campo al delantero checo Vladimir Smicer y al mediocampista Hamann. El conjunto inglés arrancó el complemento enfocado a dominar el partido y ¿quién sabe si alguien se imaginaba lo que podía llegar a pasar?
Con un Xabi Alonso decidido, un Luis García vertical y desequilibrante, y Gerrard que fue pura garra y corazón, los Reds encontraban un gol a los 9 minutos del segundo tiempo y renacían las esperanzas por más mínimas que fueran. Con el incentivo anímico del tanto, el marco imponente que ofrecían los "Scooters", y un Milan que se guardaba la chapa internacional para la Champions que vendría al año siguiente, luego del tanto de Gerrard de cabeza, el Liverpool entraba en la etapa en la que había que arriesgar todo, si salía bien por ahí se producía un milagro, caso contrario, los italianos ampliaban diferencia con sus ya conocidas y temidas contras.
No hubo tiempo siquiera para que Dida se sacuda el pasto cuando cayó producto del primer gol que ya le habían hecho el segundo; a los 11 minutos el ingresado Smicer sacó un derechazo cruzado desde afuera del área grande que se metió contra el palo, y desató una euforia generalizada en el estadio que llegó hasta Inglaterra, en los clásicos Pub los hinchas ya soñaban con lo impensado 10 minutos atrás. Como era de esperarse, 4 minutos más tarde luego de una lujosa pared entre Milan Baros y Steven Gerrard, éste último fue derribado por Cafú dentro del área grande, y Mejuto González pitaría el penal que Xabi Alonso ejecutaría sin mucha potencia buscando el palo derecho de Dida, y éste adivinaría su intención aunque sin poder controlarla el rebote quedaría servido para que el volante se redimiera y asegurase el empate.
Fiel a todos los pronósticos y apuestas, el conjunto italiano comenzó el partido a paso firme y al minuto de juego tras un centro de Andrea Pirlo, el eterno capitán Paolo Maldini logró impactar el balón de volea dentro del área para ponerse en ventaja con un gol desde el vestuario que sorprendía a todos.
Sin conformarse con el madrugador gol, el Milan comandado por un Kaká desequilibrante buscaba ampliar la ventaja ante un Liverpool que seguía atónito por lo ocurrido y trataba de adelantarse en el campo sin muchas ideas. Así fue, que en los últimos diez minutos de la primera parte, en dos contraataques elaborados con suma precisión y calidad por el mediocampista brasileño, y definidos por Hernán Crespo, los dirigidos por Carlo Ancelotti se iban al descanso con un 3-0 implacable, y el partido casi definido.
Comenzado el segundo tiempo, Rafael Benitez ya había utilizado dos cambios para tratar de enderezar el rumbo del partido (o no perder por goleada para algunos) y había mandado al campo al delantero checo Vladimir Smicer y al mediocampista Hamann. El conjunto inglés arrancó el complemento enfocado a dominar el partido y ¿quién sabe si alguien se imaginaba lo que podía llegar a pasar?
Con un Xabi Alonso decidido, un Luis García vertical y desequilibrante, y Gerrard que fue pura garra y corazón, los Reds encontraban un gol a los 9 minutos del segundo tiempo y renacían las esperanzas por más mínimas que fueran. Con el incentivo anímico del tanto, el marco imponente que ofrecían los "Scooters", y un Milan que se guardaba la chapa internacional para la Champions que vendría al año siguiente, luego del tanto de Gerrard de cabeza, el Liverpool entraba en la etapa en la que había que arriesgar todo, si salía bien por ahí se producía un milagro, caso contrario, los italianos ampliaban diferencia con sus ya conocidas y temidas contras.
No hubo tiempo siquiera para que Dida se sacuda el pasto cuando cayó producto del primer gol que ya le habían hecho el segundo; a los 11 minutos el ingresado Smicer sacó un derechazo cruzado desde afuera del área grande que se metió contra el palo, y desató una euforia generalizada en el estadio que llegó hasta Inglaterra, en los clásicos Pub los hinchas ya soñaban con lo impensado 10 minutos atrás. Como era de esperarse, 4 minutos más tarde luego de una lujosa pared entre Milan Baros y Steven Gerrard, éste último fue derribado por Cafú dentro del área grande, y Mejuto González pitaría el penal que Xabi Alonso ejecutaría sin mucha potencia buscando el palo derecho de Dida, y éste adivinaría su intención aunque sin poder controlarla el rebote quedaría servido para que el volante se redimiera y asegurase el empate.
En seis minutos el Liverpool renacía de entre las cenizas cual ave fénix, y el Milán se desplomaba cómo si la psiquis de sus jugadores estuviese construida sobre un castillo de naipes.
Los hinchas ingleses no paraban de gritar, cantar y saltar, la tribuna norte del estadio olímpico era una fiesta, los bares ingleses puro grito y llanto. Los "tifosi" en cambio, puro desconcierto, desazón y sorpresa; las plazas de Milán volvían a silenciarse, un silencio sepulcral.
Ancelotti trató de cambiarle la cara a su equipo haciendo ingresar al danés Jon Dahl Tomasson y a Serginho, por Hernán Crespo y Clarence Seedorf respectivamente, pero dentro del tiempo reglamentario no lo logró; mientras el entrenador español metió en cancha al excéntrico Djibril Cissé por el ya agotado Baros.
Ancelotti trató de cambiarle la cara a su equipo haciendo ingresar al danés Jon Dahl Tomasson y a Serginho, por Hernán Crespo y Clarence Seedorf respectivamente, pero dentro del tiempo reglamentario no lo logró; mientras el entrenador español metió en cancha al excéntrico Djibril Cissé por el ya agotado Baros.
Comenzó el tiempo suplementario y los italianos salieron animados a no dejar lugar al milagro, los de Merseyside estaban ya desdoblados por el cansancio pero sin entregarse aún, aquel esfuerzo no podía ser en vano.
Luego de varios intentos por el centro y algunos centros por las bandas, el ucraniano Andriy Shevchenko, que hasta entonces no había gravitado en el partido, conectó de cabeza un centro que el arquero polaco Dudek pudo despejar aunque la pelota quedó boyando en el área chica para que, otra vez el delantero remate a quemarropa y nuevamente Dudek, de manera milagrosa e instintiva, colocase la mano donde iría destinado el violento remate, y así la pelota se perdiera por sobre el travesaño.
Nadie podía creer lo que había sucedido, los hinchas de ambos equipos quedaron perplejos, el ucraniano suponía que eso iba a ser para él lo peor de la noche, Dudek no entraba en razón de lo que había significado que haya estirado la mano casi por reflejo, el volante Riise no tuvo mejor idea que de la emoción darle un beso al arquero polaco para agregarle simpatía a tanto sufrimiento. El tiempo suplementario finalizó y sólo quedaba una forma de resolver el encuentro. Penales.
Ya sabrán cómo finalizó el encuentro, les voy a ahorrar el relato de la tanda de penales y voy a dejar que la vean. Quizás puedan entender porque al redactar ésta entrada los ojos se me llenen de lagrimas, sino solamente entenderán porque líneas arriba puse que Shevchenko suponía que lo peor había pasado para él esa noche...
Luego de varios intentos por el centro y algunos centros por las bandas, el ucraniano Andriy Shevchenko, que hasta entonces no había gravitado en el partido, conectó de cabeza un centro que el arquero polaco Dudek pudo despejar aunque la pelota quedó boyando en el área chica para que, otra vez el delantero remate a quemarropa y nuevamente Dudek, de manera milagrosa e instintiva, colocase la mano donde iría destinado el violento remate, y así la pelota se perdiera por sobre el travesaño.
Nadie podía creer lo que había sucedido, los hinchas de ambos equipos quedaron perplejos, el ucraniano suponía que eso iba a ser para él lo peor de la noche, Dudek no entraba en razón de lo que había significado que haya estirado la mano casi por reflejo, el volante Riise no tuvo mejor idea que de la emoción darle un beso al arquero polaco para agregarle simpatía a tanto sufrimiento. El tiempo suplementario finalizó y sólo quedaba una forma de resolver el encuentro. Penales.
Ya sabrán cómo finalizó el encuentro, les voy a ahorrar el relato de la tanda de penales y voy a dejar que la vean. Quizás puedan entender porque al redactar ésta entrada los ojos se me llenen de lagrimas, sino solamente entenderán porque líneas arriba puse que Shevchenko suponía que lo peor había pasado para él esa noche...

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