martes, 15 de noviembre de 2011

¿Mejor equipo de todos los tiempos?

Son el tema recurrente en cualquier charla deportiva, es también modelo a imitar para cualquier equipo o selección.
¿Qué tan bueno es el Barcelona de los últimos tiempos? ¿Son acaso el Mejor equipo de toda la historia? ¿Son imbatibles?

Es sin duda un equipo con una identidad marcada a fuego, basada en el juego colectivo, la paciencia y la humildad. Ganaron casi todas las competiciones que disputaron, y la que no, al menos llegaron a la final. Sería una picardía decir que no es un equipo completo, que no son los mejores en lo que hacen. Por supuesto queda a criterio de cada uno y su conocimiento histórico sobre el fútbol, decidir hasta que punto son los mejores. Algunos dirán que Holanda del '74, el Milan de Van Basten y Gullit, Brasil en los '70, o el Real Madrid de Di Stéfano eran muchos mejores, y están en su derecho porque también fueron los mejores en su época. Lo que dificulta la comparación es eso, que son distintos momentos, cambia el contexto en el que juegan. Hoy en día el fútbol es mucho más rápido, y no por eso digo mejor, sino que se juega apresurado, sin paciencia, sin un orden; lo físico cobra cada vez más importancia y sólo importa estar cerca del arco rival, como si eso fuera a garantizar estar cerca de convertir un gol (incluso puede ser todo lo contrario dependiendo el rival)

Al Barcelona lo distingue eso, la paciencia con la que hacen circular el balón por todo el campo de juego para desgastar al rival o poder encontrar espacios. La inteligencia con la que sus jugadores dan cada pase y reciben sabiendo de antemano que van a hacer posteriormente.
Obvio que este juego no lo puede realizar cualquier equipo, por más ferviente que sea el deseo de su entrenador, porque el conjunto de Guardiola se crió con este juego, la base se mantuvo, la idea es la misma desde la cantera hasta el equipo principal; hasta los jugadores son los mismos, y no son jugadores ordinarios tampoco los que ejecutan la idea de juego.
La columna vertebral del equipo no son cuatro jugadores, son cada uno de ellos, porque si uno falta no es lo mismo, pese a que su reemplazante seguramente sea un gran jugador también.
Queda claro que la diferencia la marcan usualmente los mismos, Iniesta, Xavi, Messi o Fabregas. Pero no significa que el resto sea prescindible, porque sin Piqué y Busquets probablemente el equipo culé sería mucho más vulnerable de lo que es ahora (es bastante) en materia aérea; sin Abidal, Dani Alves, Maxwell, o Adriano las bandas no serían de preocupación para el rival ni punto de apoyo para los propios; algo similar pasa con los delanteros o el delantero que le toque acompañar a Messi, porque cuando éste sufre una marca pegajosa o no puede resolver el partido él mismo, probablemente su compañero sepa ayudarlo -Pedro ha marcado al menos un gol en cada competición disputada, hasta la Supercopa de Europa que se define en un sólo partido frente al ganador de la Uefa Europa League-

También cabe destacar que en la Liga Española sólo se juega para acercarse al Barça o al Real Madrid, y se les juega con temor. Bien dijo una vez un técnico que "Quien sale a defenderse contra el Barcelona se 'come' seis, y quien sale a presionarlo y atacarlo también se come seis"
¿Esto significa que no hay fórmula mágica contra Messi y compañía? Primero que en el deporte mundial por excelencia, las fórmulas ganadoras no existen. Segundo, su eterno rival le arrebató la Copa del Rey 2010/11 en la final, por lo tanto parece que el juego sucio y el pressing que ofrecen los conjuntos del técnico portugués, pueden funcionar a veces.
No son imbatibles, ni lo van a ser jamás porque es fútbol y ningún equipo puede lograr tal cosa. Le pasó a la selección española que llevaba un invicto de 35 partidos, y lo perdió a mano de Estados Unidos en la semifinal de la Copa Confederaciones de 2010, hecho que nadie esperaba, y menos contra Estados Unidos, pero no viene al caso porque a esa selección le falta Messi.
Tampoco se puede creer que sólo equipos como el Real Madrid de Mourinho, o el Manchester United pueden hacerle frente al juego que plantea el equipo blaugrana. Estudiantes de La Plata estuvo a minutos (y un error del árbitro) de ganar el Mundial de Clubes. Mucho más reciente aún, el Athletic de Bilbao de Bielsa con un juego totalmente contrario, casi le gana en un partido correspondiente a la fecha doce de la liga española, hasta que Lionel Messi en el minuto '94 marcó el gol del empate tras un error defensivo.

Sólo depende del tiempo ver qué tan lejos puede llegar éste equipo, comandado por un Messi que no se cansa de romper récords mundiales históricos, y un juego en equipo ordenado cómo bandera. Cada uno podrá juzgar si es el mejor de la historia de acuerdo a su gusto, ya que si de galardones se trata todavía está lejos de muchos.



El 10 de Diciembre se disputará el Real Madrid - Barcelona en el mítico Santiago Bernabéu a las 22 horas (Horario de España) para deleite de todos aquellos que gustan del buen fútbol. Vayan haciendo apuestas.




domingo, 23 de octubre de 2011

El Milagro de Estambúl

Hace ya casi más de 6 años se disputó una de las finales más apasionantes del fútbol mundial, con momentos tan emotivos que cualquier paciente coronario no soportaría.

El 25 de Mayo de 2005, en el Estadio Olímpico de Ataturk en Turquía, frente a más de 70.000 aficionados, el Liverpool FC se consagraba por quinta vez campeón de la Champions League, venciendo en la tanda de penales al AC Milan.
Fiel a todos los pronósticos y apuestas, el conjunto italiano comenzó el partido a paso firme y al minuto de juego tras un centro de Andrea Pirlo, el eterno capitán Paolo Maldini logró impactar el balón de volea dentro del área para ponerse en ventaja con un gol desde el vestuario que sorprendía a todos.
Sin conformarse con el madrugador gol, el Milan comandado por un Kaká desequilibrante buscaba ampliar la ventaja ante un Liverpool que seguía atónito por lo ocurrido y trataba de adelantarse en el campo sin muchas ideas. Así fue, que en los últimos diez minutos de la primera parte, en dos contraataques elaborados con suma precisión y calidad por el mediocampista brasileño, y definidos por Hernán Crespo, los dirigidos por Carlo Ancelotti se iban al descanso con un 3-0 implacable, y el partido casi definido.

Comenzado el segundo tiempo, Rafael Benitez ya había utilizado dos cambios para tratar de enderezar el rumbo del partido (o no perder por goleada para algunos) y había mandado al campo al delantero checo Vladimir Smicer y al mediocampista Hamann. El conjunto inglés arrancó el complemento enfocado a dominar el partido y ¿quién sabe si alguien se imaginaba lo que podía llegar a pasar?
Con un Xabi Alonso decidido, un Luis García vertical y desequilibrante, y Gerrard que fue pura garra y corazón, los Reds encontraban un gol a los 9 minutos del segundo tiempo y renacían las esperanzas por más mínimas que fueran. Con el incentivo anímico del tanto, el marco imponente que ofrecían los "Scooters", y un Milan que se guardaba la chapa internacional para la Champions que vendría al año siguiente, luego del tanto de Gerrard de cabeza, el Liverpool entraba en la etapa en la que había que arriesgar todo, si salía bien por ahí se producía un milagro, caso contrario, los italianos ampliaban diferencia con sus ya conocidas y temidas contras.
No hubo tiempo siquiera para que Dida se sacuda el pasto cuando cayó producto del primer gol que ya le habían hecho el segundo; a los 11 minutos el ingresado Smicer sacó un derechazo cruzado desde afuera del área grande que se metió contra el palo, y desató una euforia generalizada en el estadio que llegó hasta Inglaterra, en los clásicos Pub los hinchas ya soñaban con lo impensado 10 minutos atrás. Como era de esperarse, 4 minutos más tarde luego de una lujosa pared entre Milan Baros y Steven Gerrard, éste último fue derribado por Cafú dentro del área grande, y Mejuto González pitaría el penal que Xabi Alonso ejecutaría sin mucha potencia buscando el palo derecho de Dida, y éste adivinaría su intención aunque sin poder controlarla el rebote quedaría servido para que el volante se redimiera y asegurase el empate.

En seis minutos el Liverpool renacía de entre las cenizas cual ave fénix, y el Milán se desplomaba cómo si la psiquis de sus jugadores estuviese construida sobre un castillo de naipes.
Los hinchas ingleses no paraban de gritar, cantar y saltar, la tribuna norte del estadio olímpico era una fiesta, los bares ingleses puro grito y llanto. Los "tifosi" en cambio, puro desconcierto, desazón y sorpresa; las plazas de Milán volvían a silenciarse, un silencio sepulcral.

Ancelotti trató de cambiarle la cara a su equipo haciendo ingresar al danés Jon Dahl Tomasson y a Serginho, por Hernán Crespo y Clarence Seedorf respectivamente, pero dentro del tiempo reglamentario no lo logró; mientras el entrenador español metió en cancha al excéntrico Djibril Cissé por el ya agotado Baros.

Comenzó el tiempo suplementario y los italianos salieron animados a no dejar lugar al milagro, los de Merseyside estaban ya desdoblados por el cansancio pero sin entregarse aún, aquel esfuerzo no podía ser en vano.
Luego de varios intentos por el centro y algunos centros por las bandas, el ucraniano Andriy Shevchenko, que hasta entonces no había gravitado en el partido, conectó de cabeza un centro que el arquero polaco Dudek pudo despejar aunque la pelota quedó boyando en el área chica para que, otra vez el delantero remate a quemarropa y nuevamente Dudek, de manera milagrosa e instintiva, colocase la mano donde iría destinado el violento remate, y así la pelota se perdiera por sobre el travesaño.
Nadie podía creer lo que había sucedido, los hinchas de ambos equipos quedaron perplejos, el ucraniano suponía que eso iba a ser para él lo peor de la noche, Dudek no entraba en razón de lo que había significado que haya estirado la mano casi por reflejo, el volante Riise no tuvo mejor idea que de la emoción darle un beso al arquero polaco para agregarle simpatía a tanto sufrimiento. El tiempo suplementario finalizó y sólo quedaba una forma de resolver el encuentro. Penales.

Ya sabrán cómo finalizó el encuentro, les voy a ahorrar el relato de la tanda de penales y voy a dejar que la vean. Quizás puedan entender porque al redactar ésta entrada los ojos se me llenen de lagrimas, sino solamente entenderán porque líneas arriba puse que Shevchenko suponía que lo peor había pasado para él esa noche...